Una noche romántica y de pasión

Una noche romántica y de pasión

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De vez en cuando los maridos tienen ideas geniales para mantener viva la pasión en una relación. Yo llevó 20 años casada y la verdad es que no me quejo. Siempre hay mejores momentos, pero cuando hay amor e intención por parte de los dos, la pasión acaba fluyendo. Os voy a contar, aunque me dé vergüenza, la última noche romántica que me preparó mi marido, todo ello, como es lógico por cumplir 20 años, dos décadas, juntos.

Él sabe perfectamente que mi debilidad se encuentra en Cádiz. Allí hemos disfrutado siempre de nuestros momentos más felices durante las vacaciones de verano, sobre todo la ciudad de Chipiona, que pronto disfrutará de un museo dedicado a Rocío Jurado. Pues bien, dicho y hecho, allá fuimos. Lo mejor de todo es que en esta ocasión alquiló una casa rural para nosotros dos. Un edificio con placas solares en Cádiz que se convirtió en nuestro hotel de cinco estrellas.

Mi chico se encargó de ponerle los ingredientes perfectos para un fin de semana de estas características. Como es lógico no faltaron las velas. Como él sabe que a mí los derroches no me gustan, compró velas delgadas y las puso en botellas de vino vacías. Se veía muy elegante y duraron toda la cena. Un consejo, comprad velas largas, las cortas se acaban en seguida y no son tan glamurosas.

La cena fue una mezcla perfecta para los cinco sentidos. El marisco, en especial unas gambas y langostinos de Sanlúcar de Barrameda que pusieron la chispa afrodisiaca, además de carne y un poco de pescado. Como pues ver fue un menú muy variado. Todo ello regado con un poco de vino blanco para los pescados y marisco, y un tinto de mi tierra, Valladolid, para la presa. Y es que nada dice «preparé esta cena para ti» como elegir un buen vino. La verdad es que con estos detalles ya me había conquistado.

El toque divertido lo puso una llamada sorpresa realizada a la casa. Una empresa de instalación de placas solares en Cádiz llamó al teléfono fijo para preguntar si era allí donde habían ido a realizar una salida, ya les dijimos que no, pero la verdad es que con el acento gaditano y la gracia que ellos tienen, fue como una animación más de un día para recordar siempre.

Una cena especial siempre lleva postre, y para que sea del agrado de todos, qué mejor que el chocolate. En esta ocasión tampoco faltó. Mi marido compró una mousse que estaba buenísima, entre el marisco, el vino y el chocolate…os podeís hacer una idea de cómo se puso la noche.

Y para terminar vamos con los pequeños detalles. No faltó un CD con mis canciones favoritas. Los temas de Bunbury, Héroes del Silencio, Mikel Erentxun, Estopa, Melendi o La Oreja de Van Gogh, se encargaron de amenizar el ambiente y estimular todos los sentidos. La decoración fue sobria, pero intensa. Varias sabanas de seda decoraron el camino que iba del comedor hasta la habitación.

Por cierto la habitación de chapó, en el techo se podían ver las placas solares térmicas de Cádiz y era una gozada. Además de decorar bonito, realizaba un servicio ejemplar para el medio ambiente. Intento cambiar de conversación porque como comprendéis lo que pasó entre esas cuatro paredes me lo guardo para mí, a no ser de que me llamen para hacer un Sálvame Deluxe como los famosos. Ahora en serio, estos son unos ingredientes para mantener siempre encendida la mecha de una pareja, aunque se lleve conviviendo más de 20 años.

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