¿Por qué nos excitan los uniformes?

¿Por qué nos excitan los uniformes?

Es curioso comprobar cómo a algunas personas, tanto a hombres como a mujeres, les excita la figura del profesional en uniforme o del trabajador o trabajadora de mantenimiento de la vivienda (fontaneros, albañiles, electricistas, etc.) Incluso, como ya es sabido, en la cultura popular se bromea mucho en este país con la idea del “butanero” ¿o no? Pero por qué, ¿cuál es el motivo de esa fantasía tan extendida entre la población occidental?

Si analizamos las causas podríamos decir que el estereotipo que tenemos de los profesionales que usan uniforme o trabaja en reformas es de hombres (y mujeres) entrenados, fuertes y con un físico excelente. La realidad puede ser muy diferente, pues el fontanero es posible que sea barrigón, la mujer bombero una tirillas sin atractivo ninguno, y el policía puede parecerse más al de los Simpson comiendo donuts que al que tenemos nosotras en mente, pero el estereotipo es el estereotipo, y no podemos evitar tener esa imagen en la cabeza. Por otro lado, podríamos decir, que los profesionales con uniforme denotan autoridad, ya sean pilotos, fuerzas de seguridad e incluso azafatas de vuelo, y eso a algunas y algunos nos excita mucho.

Esta atracción no es algo novedoso, no tenemos más que recordar al grupo musical de los años 70, Village People, para recordar cómo gritaban todas su fans locas de contentas al verlos vestidos cual bomberos, policías, marineros o pilotos de avión.

Pero si hablamos de uniformes Japón se lleva la palma. El país nipón es el paraíso para llevar a cabo cualquier tipo de locura erótica, pues el fuzoku (comercio del sexo) está a la orden del día para un público donde el cliente siempre tiene la razón, pero debe seguir unas normas muy estrictas, y si lo hace puede practicar sexo con azafatas, mujeres vestidas de colegialas o cualquier traje imaginable, y encima hacerlo en escenarios recreados como vagones de metro, oficinas, aviones, granjas, etc. Podríamos decir que los japoneses son los grandes fetichistas de los disfraces desde hace muchísimos años, y el resto de países, incluyendo el nuestro, está muy por debajo de su puntuación máxima.

Personal de Mantenimiento

Sin embargo, según una encuesta, en España también tenemos cierta predilección por la figura del albañil, fontanero y demás profesionales del mantenimiento del hogar, que aunque no llevan uniforme, podríamos decir que su estereotipo pasa por vestir botas, pantalón y camisas a cuadros, o el típico mono de trabajo.

De hecho, la última locura que cometí en este sentido fue cuando a mi marido le dio por querer ahorrar algo de dinero trabajando por su cuenta en la cocina nueva a la par que lo hacían los profesionales de Alfa Interiorismo. A ellos les encargamos el diseño y la instalación del mobiliario, pero mi marido pensó que si podía comprar por su cuenta la encimera de mármol, cortada a medida previamente, podría instalarla junto al fregadero y ahorrar algo del presupuesto. De hecho, también pensó que podría con el alicatado y el resultado fue toda una odisea.

Compró la pieza de mármol en Pedro Lifante, una magnífica pieza de crema de marfil preciosa, y ¿sabéis qué pasó? Pues que después de cuatro días de mala leche intentando montar dicha encimera y poniéndome a mí como una moto (no veáis lo bien que le sentaba el pantalón de trabajo y la camiseta), acabó cediendo el trabajo a los profesionales.  Y con el alicatado pasó algo similar, compró los azulejos en Leroy Merlín y un kit de nivelación cerámica en nivelacionceramica.es, puso una línea de azulejos, rompió tres cajas enteras y desistió en su intento de ser productivo.  Lo único bueno que saqué de aquel experimento es que estrené cada rincón de la cocina con él, porque cuanto más se cabreaba más gracioso me resultaba a mí, y más ganas de comérmelo me entraban.

Conclusión: en España los uniformes se llevan, y mucho, pero donde esté un buen señor de mantenimiento que se quite lo demás.