El rincón escondido

El rincón escondido

Es muy frustrante para alguien de mente tan abierta como yo escuchar a esas parejas que han decidido resignarse a tener sexo una vez al mes, corriendo y de mala manera antes de que los niños se despierten, solo porque creen que si tienes hijos ese apartado de la relación pasa a un segundo plano. Las relaciones sexuales de la pareja hay que cuidarlas de igual modo, tengas o no tengas hijos y, si no lo haces, puedes caer en una rutina que poco va a beneficiar a tu matrimonio. Por eso es importante mantener la llama viva y nosotros lo hacemos con nuestro rincón escondido.

El rincón escondido es un espacio cerrado con llave que tenemos dentro del armario empotrado del pasillo. Allí guardamos algunos juguetes sexuales, así como geles y cremas que utilizamos de vez en cuando. El motivo de tenerlo allí es sencillo: nuestro armario siempre está lleno de ropa de los niños porque en sus respectivas habitaciones no cuentan con espacio suficiente como para tener un armario en condiciones y hemos acabado compartiendo el nuestro, lo que significa que nuestros “juguetitos” están más seguros en el armario del pasillo, en esa puertecita interior con llave que en un primer momento Sidón Armarios nos instaló a modo de caja fuerte para guardar algunas de las joyas de la familia. Pero el lugar donde esté ubicado el rincón es lo de menos, lo importante es que exista, porque si existe significa que, de vez en cuando, se le da uso ¿o no?

Y la verdad es que tampoco es necesario que sea un rincón escondido porque a lo mejor lo que os ayuda a vosotros a mantener la llama viva es otra cosa, tal vez una noche a solas, una cena romántica o un masaje erótico. Sea lo que sea, de lo que se trata es de que exista. ¿Entendéis?

Una anécdota

Hace un par de años una banda de ladrones que operaba por el barrio hizo sonar la alarma de incendios de la comunidad para que los vecinos saliésemos del edificio a prisas y carreras. Los muy… tenían todo pensado y cronometrado al milímetro. Su intención era entrar en tres viviendas diferentes (eran cinco) para coger lo primero que encontraran de valor y salir por el garaje para que nadie los viera en la puerta de entrada. El problema es que mi marido, en cuanto saltó la alarma, fue corriendo a coger el extintor que tenemos en ese mismo armario. Lo instaló allí la empresa Balsamar porque está resguardado del frío y del calor al tiempo que permanece cerca de la entrada y al alcance de cualquiera en caso de necesidad, y el pobre, al ver el rincón escondido donde guardamos nuestros juguetes  junto a las joyas familiares, que no son muchas pero sí importantes, decidió abrir el armario y coger lo que pudo junto al extintor. Luego nos hizo bajar detrás de él por si había fuego en el camino, así podría apagarlo con el extintor abriéndonos paso hasta la salida.

Lógicamente no había fuego ninguno porque todo fue una artimaña de los ladrones para entrar libremente en cualquier vivienda, pero creo que tuvo una buena idea cogiendo el extintor por si acaso. Cuando llegaron los bomberos y la policía para descubrir que no había incendio en ningún sitio, los vecinos accedieron a sus casas y descubrieron que les habían robado (nosotros nos libramos), por lo que la policía entró a todas las viviendas para preguntarnos si echábamos algo en falta o habíamos visto algo raro.

Nosotros entramos en casa unos 15 minutos antes de que la policía tocara a nuestra puerta, pero como mi marido estaba nervioso (igual que los niños) nos sentamos todos en el salón mientras yo hacía unas infusiones calentitas.  No nos había dado tiempo aún a dejar el extintor en su sitio ni a mirar nada más así que, cuando llegó la policía y nos dijo que habían entrado a robar a otros vecinos y nos pusimos a mirar por toda la casa, los niños, que en ese entonces tenían unos 4 y 6 años, junto a la policía, encontraron el rincón escondido abierto de par en par con dos consoladores por el suelo, preservativos y geles esparramados por el armario y unas bolas chinas que ni siquiera había estrenado. La policía no quería reírse, aunque se le escapaba alguna que otra sonrisa, mientras los niños preguntaban cosas como: “¿y esto qué es? ¿Aquí no estaban las joyas? ¿Por qué el papá ha código las joyas y ha dejado todo esto por aquí?”, etc.

Al final todo quedó en un susto y una anécdota que contar, aunque algunos de nuestros vecinos sufrieron peor suerte. Eso sí, nuestro rincón escondido sigue estando en el mismo sitio, y seguirá estando ahí hasta el día que nos mudemos de casa, si es que lo hacemos alguna vez…